viernes, 16 de diciembre de 2011

La eterna inacción estatal frente a 1,6 millones de chagásicos

Según el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, incluido en nuestra Constitución Nacional, el Estado tiene el deber de garantizar al ciudadano la prevención y tratamiento de las enfermedades, luchar contra ellas y crear condiciones que aseguren a todos asistencia médica en caso de enfermedad.

En 1918 el médico investigador Salvador Mazza, luego de nueve años de que el infectólogo brasileño, Carlos Chagas lo haya descripto, descubre el primer caso de contagio de Chagas en humanos en la zona de Jujuy. Ocho años más tarde ya eran cinco, fue él quien descubre el sexto caso y comenzó a investigar sobre el virus en animales. Mazza comenzó a utilizar el término “patología regional” para delimitar una enfermedad por la zona geográfica de contagio. Ya en 1946 eran mil cuatrocientos los casos de Chagas en nuestro país, de los cuales quedó demostrado que mil tenían el parásito en la sangre.

Hoy en día esta endemia es la más grave en Argentina donde, según el Programa Nacional de Chagas del Ministerio de Salud de la Nación, mil seiscientos habitantes ya la padecen. Esta cifra es un dato que no se actualiza desde el 2006.Además, la Asociación de Lucha contra el Mal de Chagas (ALCHA) afirma que entre doce y quince personas afectadas mueren cada día.

Hoy en día la vinchuca se encuentra en el setenta por ciento del territorio argentino y la región del Gran Chaco (Chaco, Santiago del Estero, norte de Santa Fe, norte de Corrientes, Formosa y norte de Córdoba) concentra más del quince por ciento de afectados en América Latina.

Este hecho no se incluyó en el anuncio de este mes con el cual se galardonó la Organización Panamericana de Salud sobre la erradicación de la enfermedad en la provincia de Misiones, que al igual que Jujuy, Entre Ríos, La Pampa, Río Negro y Neuquén – donde el Ministerio de Salud de la Nación espera la recertificación de provincias libres de Chagas- , no forman parte de los focos de infección más graves en Argentina.

El mal de Chagas es una endemia parasitaria que se transmite principalmente por la picadura de la vinchuca infectada y está relacionada directamente con las clases bajas (ver recuadro).

Zonas carentes de agua potable, falta de higiene en la vivienda y sobre todo donde los animales viven en constante contacto con humanos son los principales núcleos para que la vinchuca se desarrolle y reproduzca el virus.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) en Argentina existen más de trescientos mil hogares de tierra o ladrillo suelto y más de setecientos mil habitantes viven en ranchos de los cuales cincuenta y tres mil son en Chaco, cincuenta y uno en Formosa y cien mil en Santiago del Estero; las tres localidades conforman la zona con el nivel más alto de afectados en Argentina. Estas características son ideales para mantener e incluso incrementar la presencia de la vinchuca en nuestro país.

¿Existe una falta de interés político-económico que evade el deber que tiene para erradicar el Mal de Chagas?
La mayoría de las medidas de seguridad que se realizaron fueron remotas-como brindar información vía internet, cuando más de la mitad de la población de Chaco, Formosa y Santiago del Estero no usa la computadora- o deberían tener una continuidad y por causas que no se conocen caducan a mitad de camino.

Por ejemplo, una de las medidas básicas para la prevención es la fumigación que se debe hacer cada seis meses para asegurar la eliminación de la vinchuca, la realizaba el Estado Nacional hasta que pasó a manos de cada provincia y la cantidad de fumigadores se redujo de tres mil a algo cercano a trescientos.

El costo de esta acción preventiva está a cargo de cada región que, por una cuestión u otra, terminan utilizando esos fondos en otras áreas.

Actualmente el Movimiento Sanitario Argentino (MSA), organización formada por médicos y afines, intenta poner a la salud como un derecho humano donde prevalezca por encima de los intereses particulares.

El MSA cree elemental la idea de que el Estado regule a los prestadores privados. Así mismo, existen en toda la Argentina treinta y ocho laboratorios (conforman la Producción Pública de Medicamentos- PPM) que dependen de la Nación pero que no son explotados como podrían serlo. (Ver recuadro)

El Programa Nacional del Chagas tiene un presupuesto muy bajo a comparación con otras enfermedades. Con la fuerte campaña de la gripe H1N1 o gripe A en 2009 el Laboratorio Roche proveyó al Estado de una altísima cantidad de Tamiflú que tenían en su stock y que estaban a punto de caducar para una campaña basada en sólo ochenta infectados.

La doctora Isabel Díaz, docente del departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UBA, declaró haber recibido grandes cantidades de Tamiflú por parte de Roche, quince años antes del estallido mediático por la gripe A cuando ella era agente de prensa del laboratorio multinacional, un antiviral inútil para la gripe estacional que realmente afecta en cantidades mucho más grandes a la población que la gripe A. El Tamiflú llegó a entregarse ante la saturación de los bancos de hisopado a pacientes que no se sabía si padecían H1N1.

El catorce de marzo pasado se publicó en el Boletín Oficial el decreto 263/11 en el que se informa la aprobación del contrato entre la República Argentina y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), para financiar el Proyecto de Funciones y Programas Esenciales de Salud Pública II (FESP)- que incluye el programa de Chagas- por un monto de 461 millones de dólares.

De las más de cien licitaciones hechas por el Ministerio de Salud, sólo una está adjudicada al problema de Chagas, valuado en 41.960 dólares, para la adquisición de equipamiento e instrumental de laboratorio para el Programa Nacional de Chagas y la Administración Nacional de Medicamentos, alimentos y tecnología Médica (ANMAT), y fue hecha tres meses antes que el decreto. Todavía, a cuatro meses del vencimiento de la última prórroga, la licitación no fue adjudicada.

Recientemente, la FESP no quiso responder por la falta de subministro de Benznidazol, aunque no tuvo inconveniente alguno en divulgar la extinción de casos de Chagas en Misiones, provincia que nunca fue de las más afectadas.

Con el mismo orgullo, el Laboratorio farmacéutico do Estado de Pernambuco (Lafepe), anunció hace dos semanas en el encuentro de la ONG Iniciativa de drogas para enfermedades olvidadas (DNDI), el desarrollo de la primera formulación pediátrica de Benznidazol. Se trata de una nueva forma de administración del medicamento, y permite que con un sólo comprimido se cubra la dosis para aquellas personas con peso menor a veinte kilogramos. Así se evita el desperdicio que surge de tener que cortar tabletas o diluir el fármaco con agua o jugo.

El anuncio se hizo dos meses después de que MSF sacó un comunicado denunciado la falta de stock de las dosis inculpando principalmente a Lafepe a quién apunta como productor exclusivo de comprimidos de Benznidazol. Esto lleva a pensar que una administración más eficaz de la poca cantidad que producen del medicamento es la mínima medida indispensable. En cuanto a la necesidad local de Benznidazol, la Asociación de Lucha contra el mal de Chagas aseguró que la falta de medicamentos aún persiste en nuestro país.

Por otro lado, existe una pintura llamada Inesfly 5 A IGR creada por la española y doctora en Química Pilar Mateo, cuya composición tiene un inhibidor de quitina que es componente del esqueleto de la vinchuca y puede eliminar a la vinchuca portadora del virus del Chagas, así también a los mosquitos portadores del dengue. Al tener una acción lenta y gradual da un alto poder residual, evita que se genere rechazo y es inocuo para el ser humano.

Por pedido de un médico de la zona, Mateo se trasladó al Chaco Boliviano, donde hace trece años trabaja con la comunidad y donde se pueden comprobar que acabó con la enfermedad en la región.

En Argentina, la doctora Mateo todavía espera que le den vía libre para trabajar con su producto. En su momento, gente del Gobierno de Carlos Menem quiso negociar con Mateo. Ella se negó con la creencia de que este debería ser un producto gratuito que todas las casas de las zonas afectadas deberían tener.
La Anmat rechazó su producto en el año 2000, con el pretexto de que poseía un tres por ciento de organofosforado- prohibido en ese momento en Argentina- mientras en esos años se comercializó sin problema alguno productos con casi el cuarenta y cinco por ciento del mismo componente que hoy en día está abalado por la Organización Mundial de la Salud.

En la Argentina existe la materia prima, los profesionales con predisposición, las leyes, los programas y hasta una línea telefónica para atender consultas sobre la enfermedad del Mal de Chagas. Resta encontrar los cambios significativos en los índices poblacionales de la afección, o esperar al menos que la Salud deje de negociarse.


ENTREVISTA
Salud versus intereses económicos

“Los intereses económicos son los que impiden el desarrollo de la salud”, asegura Fernando Carusso, cirujano y director del Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia, y tiene razones para hacerlo. Desde el cargo que tiene pudo ver más cosas, más de las que están a simple vista.

Carusso forma parte de una comisión de médicos que trabaja en el partido Nuevo Encuentro, con Carlos Heller y Martín Sabatella. Juntos, luchan para que ingrese a la legislatura un proyecto de ley que propone que el estado subsidie la investigación del mal de Chagas, no sólo de la vacuna, sino también de nuevos medicamentos. “Uno de los organismos que queremos que se subsidie es el CONICET y otros laboratorios argentinos que puedan presentarse, incluso los de las Fuerzas Armadas que son nacionales”, contó Carusso.

Hoy en día los medicamentos que se usan para los chagásicos son obsoletos y esta enfermedad no tiene cura. No hay una medicación específica, no existe. “Queremos que se desarrolle una investigación profunda para la vacuna”, reclamó el cirujano.

Para el director del Hospital Rivadavia, Argentina no tiene una política de salud adecuada acorde con las necesidades de su población. “Empecemos por el hecho de que la salud debiera ser un derecho humano y equitativo para todos”, aclaró el doctor. Política de salud significa en primer lugar, para Carusso, que los hospitales estén en buenas condiciones, tanto desde el punto de vista médico, como en la parte edilicia y en el área de recursos humanos.

Si bien el cirujano admite que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner hizo y hace muchas cosas por los derechos humanos, apena que con el tema de la salud no pudo meterse y que no podrá hacerlo por los grandes intereses económicos que existen detrás. “Es que para el Estado la salud y la educación tienen que dar ganancias o no tienen que producir gastos, y no es así” se quejó Carusso indicando que el Gobierno debe generar gastos ya que es una inversión para su pueblo. “Por lo tanto, no puede dejar de ejecutarse el presupuesto de salud para aplicar esa plata en otra área. Y eso es porque no hay interés verdadero en que haya salud en la población”, declaró el cirujano.

Para ejemplificar el desinterés estatal por generar alcance en la salud pública, Fernando Carusso recordó uno de los encuentros que tuvo con el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, en octubre de 2010. “A Macri le preocupaba cuánta gente que no era de Capital Federal atendíamos. Cuando le dijimos el porcentaje aproximado dijo que iba a establecer un perfil del ciudadano porteño para que el que no lo cumpla no sea atendido acá”, atestiguó el director del hospital que antes de 1992 era parte del Estado Nacional y concurría gente de todos lados, pero a partir de ese año pasó a ser parte de la municipalidad y los pacientes viejos siguen concurriendo al Rivadavia.

El cirujano advirtió que otro de los grandes problemas de la salud pública está en la distribución del presupuesto, e indicó que en Argentina el Estado Nacional destina cuatro mil millones de pesos, pero en Capital Federal no se ejecuta y llega solamente un veinte por ciento.

“Supongan que recibimos del Estado dieciocho millones de pesos: quince van para los insumos y arreglos de aparatos y tres para la parte edilicia que se viene abajo. De esos dieciocho, nos dieron nueve y llegábamos solamente para la parte de insumos hasta septiembre, pero cuando hay un paciente que está muy complicado y hay que darle medicamentos caros que no están en el hospital, lo pedís al Ministerio de Salud, y te lo descuentan del acotado presupuesto”, explicó Carusso en referencia a la repartija del presupuesto anual de cada Hospital.

El mal de Chagas es una enfermedad que padecen más de tres millones de argentinos mientras que por la tan atendida gripe H1N1, murieron menos de quinientas personas. Sin embargo, se compraron millones de medicamentos a los laboratorios de los cuales se usó menos de una octava parte en aquellos que realmente la necesitaban.

El proyecto del Dr. Carusso en nuevo encuentro sigue en pie. Pero para que se haga una ley tiene que haber un acuerdo de la cámara de senadores, diputados y la legislatura, para aprobarla. “Porque puede haber un laboratorio que pone la plata al principio para el proyecto, pero seguramente después va a hacer negocio con eso”, desconfía el cirujano. “Tiene que salir del presupuesto de la Nación, el presupuesto que se asigne a la salud”, concluye Carusso. Mientras, el pueblo sigue en la ansiada espera.


FUNCIONES Y OBJETIVOS DE LA PPM
A la espera de lo prometido

El Gobierno Nacional promulgó en agosto la ley que declara de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos, vacunas y productos médicos. La nueva ley, tiene como fin “promover la accesibilidad de medicamentos y propiciar el desarrollo científico y tecnológico”, según publicó el Boletín Oficial.

Uno de los objetivos de la Producción Pública de Medicamentos (PPM), es reducir en un año un sesenta por ciento la falta de acceso a medicamentos esenciales, por parte de las más de dieciocho millones de personas, que se encuentran por debajo de la línea de pobreza y no pueden acceder.

El Senado aprobó por unanimidad el proyecto que promete cambiar de plano la dirección del mercado de los fármacos, que desde ahora es considerado por el Estado como un bien social y al declararse de interés nacional, se impulsa la articulación de los laboratorios públicos con las universidades y les otorga prioridad en las compras del Estado Nacional.

Las principales plantas estatales productoras de medicamentos están en la Ciudad y provincia de Buenos Aires, en Córdoba, Santa Fe, Tucumán, San Juan, San Luis, Río Negro, Formosa, Misiones, La Pampa, Salta, Mendoza, Entre Ríos y el laboratorio de las Fuerzas Armadas.

A través de la PPM, estos laboratorios, hospitales y universidades estatales y municipales, tienen como objetivo principal fomentar la producción pública de medicamentos, vacunas y productos médicos en los ámbitos provincial, municipal y comunal, a costos más bajos que los de laboratorios privados, para disminuir la inaccesibilidad e inequidad en el sistema de salud a la población Argentina.“Todavía se está a la espera para ver de qué manera se reglamenta esta normativa, pero desconocemos si el Ministerio de Salud está convencido de la propuesta”, dijo Francisco Leone, diplomado en Salud Pública, a pesar la unanimidad que lograron para que el proyecto se haga ley.

Por otra parte, Jaime Lazovski, subsecretario de Relaciones Sanitarias e investigación de la cartera, insistió que con la nueva ley pretenden promover el desarrollo de laboratorios públicos provinciales, inscriptos y aprobados por la Asociación Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Con las compras anuales que son de treinta millones de dólares y con los préstamos, el total completo de la inversión es de doscientos millones de dólares en cinco años.

La ley de Producción Pública de Medicamentos, tiene como marco de referencia la propuesta de la OMS, donde se definen prioridades para la producción en función de los perfiles epidemiológicos de las regiones del país y se promueve la provisión de los medicamentos, vacunas y productos médicos que se necesiten.

Por el momento, hay sólo una vacuna que se promovió y es la del Mal de los Rastrojos, que es transmitida por los ratones en las zonas maiceras. Ningún laboratorio quería producirla por la escasez económica de esos sectores. Sin embargo, el Instituto Julio Maiztegui de Pergamino, produjo el medicamento.
Este acontecimiento, deja ilusiones y posibilidades de que la cura contra el Mal de Chagas, enfermedad que por el momento no posee cura, pueda ser investigada por alguno de los tantos laboratorios nacionales, provinciales o municipales y no caer rendido en las manos de los laboratorios privados, que, como toda empresa privada, tienen como objetivo principal rebalsar los bolsillos de sus ganancias.

CLAVES DE LA ENFERMEDAD
El vampiro de los pobres

Con un clima cálido y seco, casas con paredes de barro y techos de paja, ambos sin revocar, nuestro norte argentino es el lugar ideal para la reproducción del insecto Triatoma infestans, más conocido como vinchuca. El intestino de este artrópodo símil cucaracha es el hogar ideal para el parásito Trypanosoma cruzi quien causa el Mal de Chagas.

La enfermedad puede contagiarse de madre a hijo o por recibir una donación de sangre u órganos infectados. Pero el sistema de transmisión que más se manifiesta es el del insecto vector. El bicho alado detecta al mamífero por su temperatura y lo pincha para tomar su la sangre. Para comenzar con el festín, primero inyecta una sustancia anestésica, que genera la picazón, luego llena sus intestinos y, por último, defeca en el mismo sitio donde comió. Gracias al anticoagulante que aplica junto a la anestesia, la vinchuca puede llegar a estar media hora succionando y adquirir a veces hasta doce veces su tamaño original.

Todo exceso tiene sus consecuencias malas y en este caso es el parásito que se encuentra ahora en las heces de la vinchuca. El Trypanosoma cruzi penetra, entonces, en las células que deja al descubierto la picadura hasta llegar a la sangre, donde se multiplica, entra en el sistema de circulación del organismo y empieza a tejer lo que será el infierno en vida del infectado.

Uno de los problemas para tratar la enfermedad es que sus síntomas pueden aparecer más de veinte años después de la infección parasitaria.
Primero aparece la fase aguda donde los síntomas son muy leves o nulos. Luego el infectado pasa a la fase indeterminada, que como el nombre lo dice, puede durar una cantidad incierta de años. Al ser una fase asintomática, el parásito vive el tiempo suficiente como para que los daños que causa sean irreversibles. Este último estado es la fase crónica, donde el afectado sufrirá severos daños en el corazón, en el sistema digestivo, o nervioso y hasta puede llegar a la demencia.

Además de las agudísimas afecciones físicas que sufren los infectados, el Mal de Chagas provoca un problema social que aún no recibe estudio alguno. Según Fidel Fernández, responsable del Programa Departamental de Cochabamba en Bolivia, los infectados con la enfermedad ya desarrollada pierden entre sesenta por ciento y setenta por ciento de su actividad productiva. Esto provoca que en el hogar del enfermo haya un ingreso menos para el sustento económico, un gasto extra y tiempo restado para el cuidado del enfermo.

La cura para el Mal de Chagas no existe. Por eso es tan importante detectar la enfermedad en los niños para que no llegue a su adultez con problemas graves, como lo pueden ser lesiones cardíacas (que representan a un treinta por ciento de los afectados) o problemas gastrointestinales irreversibles y hasta fatales.

Los medicamentos para tratar la afección (el Nifurtimox y el Benznidazol) , ya bastante antiguos, son efectivos en la fase indeterminada pero su efecto positivo no ha sido comprobado en la fase crónica.

Pero más importante aún es la prevención. Un ejemplo humano es el de Pilar Mateo, que ya pintó durante trece años, diez mil viviendas en la región Camiri con su pintura y salvó 25 millones de vidas del Mal de Chagas. La doctora ofrece sus servicios de albañil constantemente sin intención de lucro alguna, pero los llamados que recibe por parte de los estados latinoamericanos, al igual que la mayoría de sus pacientes, son bastante pobres.


Por Belén Lopez - Bianca Damiano - Martina Uriarte